Pensando en Global y Actuando en Local: propuestas para el debate de la ciudad comunera y comunal.

Nota: Carlos Matute Ron – Periodista – Venezuela

Para el pueblo lo que es del publo

En los últimos 20 años, recientes años, escasos años de proceso revolucionario, se ha erigido en nuestro país una fuerza que en el aquí y él ahora debe continuar multiplicando no solo la conciencia crítica, pues también debe orientarse a la conciencia creadora. De la mano de Chávez se inició un camino nunca fácil, pero que si nosotros como fuerza social adoptamos cambios de conducta, podremos ser parte de la fuerza que garantizará un proceso de transformación de país que multiplica todo el porvenir.

 

No hay nada definitivo: la historia es una puerta abierta. Hoy confluye en Venezuela un momento contradictorio; ello por un lado. Por el otro, aún más a la izquierda, sin llegar a su extremo, aguas abajo y con conciencia de clase, se propone, asume y acciona un proceso asambleario que genere una política de consecuencias revolucionarias y asuman el orden de los territorios, haciéndolos productivos, culturales y recreativos.

 

La gran maquinaria social del capital aún integra nuestra vida social, nuestro urbanismo, por tanto es en el desarraigo de ellos de nuestros territorios que tendremos control real y estratégico de todo lo involucrado en el desarrollo de una ciudad.

 

Puntualmente en lo que concierne a la productividad, tenemos hermanos, en nuestras manos la hermosa posibilidad de participar no solo en el debate de un modelo de país que de hecho se viene construyendo sino también de construir política ciudadana, política comunera, política territorial, a través de proyectos pilotos donde el intercambio con otras realidades y accionares se apoyen como gran intercambio de saberes.

 

No es una mentira decir que nuestra economía está mal, pero eso no es un asunto netamente de una política económica, una mala política económica, sino el devenir de un sistema social que con su carga de antivalores desmorona sus cimientos y genera por ende una crisis mundial que intentará por todos los medios hacerse mano de los recursos energéticos.

 

Este modelo de sistema fracasado tiene nombre y apellido: la bastardez europea tuvo en la naciente América del Norte, primero un error lingüístico, por tanto de comprensión con los otros pueblos de la América Meridional, y si bien como estrategia geopolítica Nuestra América apuntala a bloques unidos con la apuesta del bloque progresista, la política mundial necesita de un gobierno de hombres y mujeres que defiendan a través del dialogo y la altura política de los viejos actores donde de manera institucional la voz del terror se expresa y ejecuta sus ordenamientos.

 

Los dioses debieron estar profundamente absortos al ver a Chávez multiplicarse como un Avatar en el imaginario de un pueblo-nación, un pueblo-continente, un pueblo-mundo.

 

Chávez como sujeto nos hereda la legalidad a la acción revolucionaria, haciendo el tránsito a la paz parte de una razón consciente que se determinará con el entendimiento de los distintos actores políticos y por tanto del respeto y apoyo al Proyecto País; Venezuela Bolivariana y Socialista del Siglo XXI.

 

¿Por qué hablar hoy de socialismo si ya Chávez murió y tanto dicen los medios que el socialismo es un modelo fracasado? Pues bien, primero ¿por qué no hablar de socialismo, y no solo de socialismo sino justamente de esa injusticia social que ha dado como resultado una fractura social que a su vez generó el rico nacimiento de la revolución bolivariana?

 

Nuestra razón no es una razón ideológica en el sentido más partidista que pudiera existir, ni tampoco la razón del dogma que se precede por libertades suprimidas sino que es una razón que en el campo concreto, es decir, como razón histórica le ha dado la razón al mundo de que el modelo capitalista es el verdadero modelo fracasado, es el modelo que ha incrementado las insalvables distancias del hambre y el comer, del conocimiento y la ignorancia, de la invasión a otros países a la unidad de los pueblos, es decir, de una barbárica ilógica de estado, representada en un bloque de países que no necesariamente están ubicadas en la misma geografía, sino que están aliadas por la muerte, la ignorancia a los otros y la devastación a quien opine lo contrario.

 

Por tanto, que en Venezuela desde la llegada de Chávez a Miraflores (1.998), y ni siquiera del inicio mismo, se ha venido construyendo con aciertos y errores, con unas bajas a la economía interna que ha golpeado en muchos bolsillos y una estrategia productiva que no ha dado sus resultados pero que por encima de eso, se yergue como en efecto decíamos anteriormente, la razón de ser, la razón de la razón, la inequívoca respuesta que se le puede dar a la humanidad, al planeta, la construcción con nuestras manos, nuestros saberes, nuestra tecnología, el modelo descolonizador y anti-imperialista en contra de todo tipo de violencia y uso de la fuerza militar para resolver conflictos bilaterales.

 

En el ahora, como multiplicación de los tiempos, estamos concurriendo a una crisis sistemática del capital, que a nosotros nos ha tocado, pues el no entendimiento no solo del modelo socialista sino también del declive del modelo capitalista, que para salvarse aumentó sus precios en la economía de menudeo y disminuyó el precio del petróleo, y engaño con sus tesis comunicacional haciéndonos creer que éramos los que habíamos fracasado.

 

El primer error nuestro desde un principio ha sido el continuar dándole tiempo preciado al enemigo, pues el tiempo y espacio que se lleva en nuestros medios es tan valioso que solo los medios comerciales saben cuánto de inversión y calidad técnica se necesita para comunicar.

 

Mucho de lo que somos y queremos ser y construir es en este momento de agudización del conflicto donde debemos racionalizar e intuir a nuestro yo orgánico para ejecutarlo todas las manos todas y hacernos dueños de nuestro tiempo personal en la vida.

 

Nuestro tiempo es sumamente valioso como para dejarlo en manos de irresponsables, lo que hagamos o dejemos de hacer en el aquí y en el ahora repercutirá en un modelo de enseñanza-praxis del modelo de civilización que queremos. Es así que nuestras dinámicas de producción de bienes, de producción de conocimiento, de producción de tecnología, de producción de alimento, de producción de vivienda, de producción de lo útil a la vida, de lo necesario, y no esas invenciones del sueño americano o américa como una segunda Europa.

 

El principio de inventar o errar de Don Simón Rodríguez tiene la vigencia cordial de suministrarnos la razón que luego Mariátegui diría como creación heroica.

 

Nuestro continente tiene mucho en común, por eso la doctrina Monroe quiso clasificarnos en un área específica de libre comercio y patio trasero, doctrina que derrotamos en la medida que avancemos en la construcción real de nuestros territorios y la defensa integral de nuestros espacios.

 

Como sujetos constructores del socialismo debemos tomar el control de este momento histórico y componer el mejor contingente de hombres y mujeres comuneros que estén dispuestos a refundar la Patria y los cimientos del sistema, en la comuna como fuerza social indispensable, pues la comuna como patria misma no tiene tiempo de espera ni mucho menos porvenir a crédito.

 

Reconocemos que hay un conflicto de interés mundial por tanto la estabilidad de las democracias que están alineadas con el imperialismo mundial, se ven amenazadas en el desarrollo de políticas propias y puesta en marcha de modelos que les sean no solo contradictorios con sus lógicas imperial sino con su inevitable caída en manos de los pueblos revolucionarios y conscientes del mundo.

 

Citando a Gramsci por razón histórica actual: la crisis es de poder y de soberanía. La solución de una será la solución de la otra, ya que resolviendo el problema de la voluntad de poder en el ámbito de su organización de clase, los trabajadores llegarán a crear la estructura orgánica de su estado, y victoriosamente la contrapondrán al estado parlamentario. (Escritos políticos 1.917-1.933, Siglo XXI Editores. A.G.).

 

Por un lado tenemos la razón de clase, es decir, la lógica de un pueblo que debe asistirse a sí mismo, a un contingente de ciudadanos a reconocerse como fuerza productiva, instancia creadora, que intuya su yo interno, la voluntad de poder. Sin voluntad de poder será poco lo que se pueda avanzar.

 

Al referirnos al poder, es sin duda al poder popular, emanado de la carta magna y de las distintas leyes del poder popular (ley para el poder popular de la juventud, ley orgánica del poder popular, ley orgánica de planificación publica y popular, ley orgánica de las comunas, ley orgánica de la contraloría social, ley orgánica del sistema económico comunal, ley orgánica del poder público municipal, entre otras), y es así, en sus estudio, análisis y puesta en práctica que se desarrollaría una democracia directa, donde los actores son los mismos ciudadanos. Es un retorno al verdadero ejercicio de la democracia; es convertir al sujeto en centro del desarrollo de la Polis, de la Ciudad, de la Comuna, de su Hábitat.

 

Entendiendo esto y asumiendo concretamente espacios de creación heroica no solo dignificamos nuestro ser y la patria sino que asumimos el rol histórico de construir con nuestras propias manos el presente y futuro, legando a la historia porvenir con una certeza de seguridad territorial, alimentaria, tecnológica, textil, de transporte, que impugne a la democracia burguesa y sus instituciones.

 

El desarrollo de esta tesis o mejor dicho, su puesta en práctica, implica asumir un cambio de conducta total en lo que se refiere a nuestra visión de Estado, incluyéndolo más allá de las Fronteras, un estado comunal que para su desarrollo necesita sintetizar todas las experiencias que actualmente se desarrollan en su extensa geografía.

Insistir en la conciencia de clase es asumir consecuentemente la constitución bolivariana, de su praxis y defensa depende el porvenir de nosotros como pueblo y del declive necesario del institucionalismo burocrático y la vieja cultura política que demanda aún en pleno siglo XXI electores y elegidos.

 

Nosotros debemos hacer lo que nos corresponde, exigirnos lo necesario como fuerza productiva para tomar las riendas de nuestros ámbitos ciudadanos e incluirnos en un debate político nacional e internacional para aclarar y constituir nuestro rol de clase, necesario y preponderante para entonces poder afirmar que esta tierra es nuestra y aquí nadie se rinde.

 

¿Cómo construir ese estado liberador, estado de participación, de justa distribución y participación, es decir, el estado comunal?

 

Pese que exista una ley con rango constitucional que apoya la aplicación de políticas en torno a la participación soberana de todos y todas los habitantes, no es sin estos últimos que en realidad se desarrolla una política comunera.

 

Las leyes son solo instrumentos teóricos de suma importancia a nivel jurídica, pero letra muerta sino confluye la participación de quienes beneficia y la puesta en práctica de su legalidad en los ámbitos territoriales correspondientes.

El estado comunal se construye desde donde vivimos, desde donde ejercemos relaciones sociales, desde donde practicamos la enseñanza y aprendizaje cotidiano de la vida. Por eso la patria una escuela. En ella es mucho lo que cada uno y una debe co-auto-aprender y enseñar acerca de lo todo desde una cosmovisión muy nuestra.

 

Nuestra vida social es el primer reflejo de lo que somos. Asumir desde ella una postura para militar por la vida significa comprender para avanzar que el todo que nos rodea está implícito en el proceso de cambio que nos planteamos. Integrarnos de forma coherente y disciplinada a los quehaceres de la nueva patria implica desaprender mucha desgracia aprendida, implica romper con un modelo social que está instaurado en nuestra psiquis, y que sin dudas, no es cuestión de días ni semanas ni meses en que podríamos volver una mirada colectiva hacia lo que nos toca hacer en términos concretos.

 

Entonces ¿si las fuerzas sociales democrático-burguesas y capitalistas son grandes y aún influyen en nuestra vida, cómo dar el salto de una vez por todas? Hay esfuerzos que se han venido realizando que no son para nada deleznables. Para dar mayor desarrollo a los hombres y mujeres más conscientes, debemos asumir proyectos donde la misión revolucionaria sea el proyecto de poder comunal en cada espacio en el cual estamos y con un proceso comunicacional de acción ir haciendo que se propague la idea y los logros que hemos venido obteniendo, de forma sistematizada y orgánica, y así, sumar desde una plataforma anti-guerra psicológica a compañeros y compañeras que despierten del letargo, la mentira y la forma de vida pseudo-burguesa que ofrece el capitalismo para sus ‘’áreas periféricas’’ como en sus informes puntualizan.

 

Hay un problema fundamental para quien tenga la necesidad, deseo, ganas e ímpetu de desarrollar la política comunera y comunal, y es el tema del territorio. Otro es el qué produce. Refirámonos primero al del territorio.

 

Para el hombre y mujer de hoy día es imperante por los tiempos y sucesos mundiales un sitio de arraigo donde desarrollar políticas de resistencia y acción. El análisis del ser ontológico que fue razón de ser de la filosofía ha cambiado hoy día en todos sus ámbitos, determinando lo político en su accionar como regla fundamental para el ser humano. Razón entonces Marx tenía.

 

La revolución industrial obnubiló al ser aún más del ser, lo llevo a un estado de desarraigo, lo vació de espíritu y memoria histórica a cambio del trabajo asalariado, jornal que hoy día con luces de neón y merchandissing publicitario nos ofrece más y más expectativas de disfrute en dinero plástico para gozar el eidos del capital, razón ideológica de la sinrazón y profunda amenaza al verdadero deber ser del ser.

 

Por tanto que el territorio implicaría romper con el radio de acción que el capital asume en nosotros y activar vida comunal da razón de ser al ser, al recobrarle la memoria, al explicitarla en su sentido de pertenencia con la madre tierra y el padre cielo, es decir, con el entorno primario donde se desarrollan sus actividades fundamentales de vida. La reorganización del territorio es deber de cada uno y una que sepa que otra forma de relación social es posible, entonces si es así qué respuestas daríamos al centro de nuestras ciudades como espacios para el desarrollo de políticas efectivas en el ámbito municipal cuando, siendo el corazón de nuestro sentido histórico, la mayoría de nuestros cascos coloniales están tomados por la economía informal que más allá de la simple buhonería, teje redes de contrabando de alimentos, de tráfico de películas pornográficas, y series audiovisuales que promueven la violencia, actitudes que denotan al ser alienado y que no va a cambiar, por lo general procedentes del extranjero, mejor denominados como lumpen.

Los centros de nuestras ciudades, sus cascos históricos si bien tienen que desarrollarse productivamente a través de su economía (por demás capitalista, obsolescente y alienadora), debe dar un giro hacia lo que pudiéramos denominar espacios de resguardo, especie de anillos de seguridad, donde sea el comunero y comunera el garante real de los mismos.

Una inteligencia y contrainteligencia en sus calles, callejones, vericuetos, avenidas y plazas que pueda estar alerta y en defensa tanto de posibles avances de la derecha facha y ataques a la economía de la nación, sino algo más terrible que sería la entrega tácita de nuestro territorio a un capital extranjero de dudosa procedencia, por lo general asociado al paramilitarismo y que siendo así, ejerce gran influencia en el transeúnte, despolitizándolo y desarraigándolo al distraerlo de su razón de ser.

Las políticas de planificación pública y la orientación que se debe dar a nuestras ciudades en torno a lo comunal o comunero implica ir a catastro y hacer revisión de los terrenos y locales, quiénes son sus propietarios, quiénes sus arrendatarios, de dónde su procedencia, qué otros negocios paralelos manejan así ejercer control férreo desde la perspectiva del poder comunal.

 

Asegurar el bienestar implica también limpiar nuestras calles del asedio de una clase desclasada que oprime los anillos más cercanos donde el ciudadano de a pie confluye en su práctica laboral.

 

La paramilitarización de nuestros territorios es una triste, traumática y sistemática realidad que exige un esfuerzo de todos los actores sociales de la revolución bolivariana para ser derrotadas y expulsadas de nuestra tierra madre.

¿Cómo hacer entrar en cintura al comercio, a los comerciantes y la productividad de una ciudad rumbo al gobierno comunal?

 

Recapitulando en líneas anteriores. Ir a catastro y haciendo inventario de los espacios sociales y posibles espacios productivos y redimensionarlos en la lógica de la construcción del poder comunal, haciendo énfasis en la creación de proyectos y planificación de los mismos en etapas o fases donde al mando estén verdaderos comuneros conscientes y de primer orden ético-político para asumir el resguardo, la producción y la seguridad hacia una ciudad socialista, como proyectos pilotos que luego pudieran ir extendiéndose a otras áreas vecinas que tomen como ejemplo el trabajo productivo, la moral revolucionaria y el deber ser por nuestra patria.

 

Entonces hay que empezar a observar nuestro entorno, nuestra ciudad, nuestros espacios, y con los afines políticos constituir diálogos que promuevan iniciativas creadoras y propuestas reales para ir planificando PLANES PILOTOS DE RE-ESTRUCTURACIÓN DE NUESTRA CIUDAD.

 

Esquematizar, bosquejar, maquetar e ir a las instancias legales con el conjunto de leyes que promueven nuestra participación protagónica y exigir, bien sea dado el caso, en comodatos, sucesiones o alquileres el rescate de manera organizada de esos espacios.

 

Carlos Matute

Pensar Global Actuar Local

camatute1984@gmail.com

Foto: Reuters

 

 

 

 

 

Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.
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