Mexico: “1994: periodismo a rajatabla”

Nota: Adriana Esthela Flores / México

Cartas desde México

En estos días de tanto apasionamiento traducido en acusaciones viscerales o en la asfixiante costumbre de los elogios mutuos, me pareció un riesgo hablar del trabajo documental de Netflix “1994”, dirigido por el estimado colega Diego Enrique Osorno, pero es obligado hacerlo. Aquel año, después de todo, fue uno que rompió la historia del país y que mostró por dónde caminaban los demonios que hoy siguen sueltos.

El trabajo documental de Osorno, su mejor obra hasta ahora (habría que agradecerle también la búsqueda del poeta desaparecido, Samuel Noyola),  debe ser visto no por la ola de adjetivos que se le han adjudicado, sino por lo que ofrece: la mirada netamente periodística sobre el año marcado por un conflicto armado, dos asesinatos políticos, la devaluación del peso y una desaseada investigación que sigue sin esclarecer, hasta ahora, el magnicidio del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Se trata de una muestra de periodismo a rajatabla. De conectar escenas y visiones para explicar qué diablos ocurrió aquel 1994 en el que la generación de Osorno apenas estudiaba la secundaria y debía entender, de prisa, cómo en unas cuantas semanas se quebraba el sistema: el candidato del PRI iba a ganar las elecciones presidenciales, como de costumbre, sin mayores aspavientos, para continuar con el concepto mexicano de la democracia en la que el mismo partido en el poder era el que ganaba la mayoría de los comicios, con una oposición que nunca iba a llegar a Los Pinos y donde, en fin, la cultura política se consolidaba como un modelo ininmutable de simulación hasta que dos disparos le dieron en la cabeza al CANDIDATO (así, con mayúsculas, como se nombraba en aquellas épocas al ungido priísta para el que las elecciones presidenciales eran solo cuestión de trámite).

“Eso no estaba en nuestros planes pero sí en los de alguien más”, dijo acerca del magnicidio el político priista Manlio Fabio Beltrones a la viuda de Colosio, Diana Laura Riojas, de acuerdo con la versión del periodista Federico Arreola. Y así, el equipo dirigido por Osorno va hasta Magdalena de Kino (Sonora) a Tijuana, Ciudad de México y otras ciudades y presenta fragmentos de la entrevista al presunto responsable, Mario Aburto y entrevistas con el subcomandante Marcos, el expresidente Carlos Salinas de Gortari y su hermano, Raúl; los amigos de Colosio, Agustín Basave, Arreola, Alfonso Durazo; la periodista Talina Fernández así como otras voces, para ofrecer, como una galería de versiones, qué ocurrió detrás del crimen que representó uno de los capítulos medulares de aquel año que se parecía a aquel descrito por José Emilio Pacheco en “Las Batallas en el Desierto”: “por la cara del Señor presidente en dondequiera: dibujos inmensos, retratos idealizados, fotos ubicuas, alegorías del progreso”.

“1994” es periodismo a rajatabla porque no se casa con versiones ni apuntala enjuiciamientos. Está alejado de juicios rápidos y fáciles o aquellos nacidos en dogmas o ideologías, aunque Diego sí deja ver su tendencia a la rebeldía al mostrar las voces insurgentes y las consideradas indefendibles, buscando la mayor amplitud de mira posible.

De los cinco capítulos, destaco cinco escenas: aquella en la que el entonces candidato Ernesto Zedillo pierde la sonrisa durante el debate presidencial, cuando el contrincante panista Diego Fernández de Cevallos le echa en cara la forma en que llegó a la designación; el interrogatorio a Mario Aburto, con preguntas más llenas de supuesta indignación que de un afán de saber la  verdad; la entrevista de Salinas describiendo a Colosio y a Zedillo; la del subcomandante Marcos comparando a Colosio con un boy scout; y la del reclamo de la militancia priista ante el féretro del candidato, con Salinas presente: “¿Quién fue?”.

Una pregunta cuya respuesta, hoy, veintinco años después, aún falta.

¿Quién nos quebró?

Gracias, Diego y a todo el equipo, por este trabajo. Felicidades

Foto: Pijamasurf


Los articulos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben. 

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